Etapa concluida

De aquí para abajo, de aquí para arriba, todo es diferente.
El tiempo enseña, el tiempo cura. El tiempo. Sabio el tiempo.
Llegó el equilibrio y atrás dejó:


CALENDARIO

Junio: además del invierno y nuevas costumbres, el tiempo se muestra como aliado.

Mayo: a un par de meses de cumplir los 27, Laura se encuentra en reconstrucción avanzando de a pocos pero firme. Continúa la batalla pero ahora con un par de victorias a cuesta.

Marzo: ausente, al menos su corazón lo está. Alguien se lo llevó, alguien se lo robó, a alguien se lo entregó. Laura se enamoró y no hay marcha atrás. Aquí yaceran sus memorias, su diario, sus trazos, sus cambios, su batalla.

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POS IT

perspectivas... reordenando...

hay cosas y sentimientos que no se pueden olvidar, simplemente hay que aprender a vivir con ellos...

a veces hay que dudar para saber lo que quieres realmente...

la vida continúa...

Despeínate!!!!!!

Habrán días buenos, habrán días malos... a sobrellevarlos!!!!

Proyectos!!!

L@s amig@s son ángeles que nos llevan en sus brazos cuando nuestras alas tienen problemas para recordar como volar.


A pasos lentos pero firmes... sonríe

Cosiendo los pedazos... casi completa y completando

Voluntad!!!

El presente es el presente!!

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Lecturas de medianoche

El Hombre de Hielo –seguí contándole a Rodrigo– desea a la Mujer de Fuego, y ella lo desea a él, pero ninguno de los dos se dará cuenta de su amor, sino hasta que se hayan destruido mutuamente.


¡Llegó el invierno!

Con él muchas nuevas noticias, ideas, trazos y experiencias.

A Laura empezó a gustarle el invierno, si bien ningún extremo era de su agrado, aprendió a apreciar el frío y la neblina, que poco a poco iban mostrándole las calles y nuevos horizontes.

Comenzó a comer helados los domingos a las siete de la noche en una mesa que ya era suya, junto al árbol que la abrigaba del frío.

Aquella mítica heladería en Magdalena se convirtió en su refugio de los domingos. Las chicas del local ya la reconocían, y, de antemano, tomaban la orden: medio litro de helado, fudge, mermelada y un conito.

Sí, a Laura le gustaba jugar con el helado cada vez que se cansaba de leer diez páginas del libro que llevaba para la noche.

Intentaba tener nuevos hábitos, recuperar viejas ilusiones y metas que, en un principio, la acompañaron cuando empezaba su afán de independencia hace ya algunos años.

Que si escribir poesía, que si leer un libro, que si decirle a la gente NO ME CAES BIEN; no esperar nada, no esperar a nadie, no estresarse por nada ni nadie, sintiéndose totalmente libre de ser quien quiere llegar a ser.

El invierno además del frío y los helados de tarde-noche trajo renovación, vitalidad y muchas ganas de vivir nuevas experiencias; conocer gente, lugares, cosas, etc.; todo aquello que representara lo maravillosamente desconocido y lejano.

Laura empezaba a hacer cosas; no solo a pensarlas; no solo a depurar algo de mierda de su cabeza; no solo a aceptar que él ya no está. Laura hacía cosas, muchas, variadas y locas.

El hacer es muy importante en este tiempo: el hacer, el hacer, el hacer...

Laura está aprendiendo a vivir con ese fantasma, con esos sentimientos; los que ha hecho a un lado para continuar, los que ignora ahora con ayuda de su ausencia, pues él regresará en meses. Aunque, a veces cuando escucha su nombre o aparece algún recuerdo, por unos segundos el tiempo se detiene y luego, a veces, en secreto inventa alguna o varias historias juntos.

Laura en estos precisos momentos va hacia lo maravillosamente desconocido y lejano.

Cosiendo los pedazos

Luego de varias semanas, Laura se encontraba en una nueva etapa. Para ser más exactos al inicio de una transición.

Había entrado en razón de lo que le hacía falta, de lo que tenía que hacer en este nuevo tiempo, que tenía que preocuparse por ella, completarse y llenarse por ella misma, pues la caridad empieza por ella. Si bien tenía voluntad y se sentía más segura y más tranquila, aún estaba cosiendo los pedazos que había dejado el pasado y éstos eran tan frágiles que podían romperse en algún momento si decidía correr con ellos encima.

Cuando una persona culmina una etapa suceden muchas cosas, muchos cambios, muchos despertares. Depende del tipo de persona para que el proceso sea rápido o lento; también depende de la necesidad de aprender y sobrellevar los cambios. Son varias fases: el despertar, el miedo, el descubrimiento, la conciencia, el aprendizaje, la asimilación y finalmente y la más difícil el ser y estar. Laura está entrando a la asimilación.

Laura había comprendido que la última conversación con él en el parque había sido necesaria para soltar el pasado, pero que no estaba lista aún para conversar sobre los dos; sea cual fuese el final, no era el momento, faltaba y aún falta mucho por recorrer y para eso el tiempo era su gran aliado y testigo.

Se dio cuenta también que debía encerrar sus sentimientos (hacia él) por un tiempo, porque por ahora si bien estaban presentes y casi seguros no eran buenos en esta nueva etapa, eran una distracción; debía olvidar, o más bien, ignorar esos sentimientos para reconstruirse y así, luego, poder enfrentarlos y reconciliarse con los verdaderos y sanos, que poco a poco van quedando sin necesidad de que se preocupe por ellos. Que él se vaya de viaje por casi cuatro meses era bueno y también una señal.

Laura estaba segura de algo, se había encontrado entre tanta mierda, conflictos y tristezas; le había costado tanto encontrarse que no pensaba ni se iba a permitir perderse una vez más. Había identificado lo necesario para completarse y daba pasos lentos, moderados, pero firmes. Si se cansaba en el camino se empujaba, se obligaba a seguir, no podía permitirse caer, no podía detenerse, continuaba a veces arrastrándose pero continuaba. El dolor y la tristeza tenían que servir para algo, tenían que volverse en positivo, esa era su lucha.

Los sentimientos por él se mantenían ahí, tercos y firmes. Había que tomar decisiones, porque no había equilibrio entre lo que sentía y cómo estaba. Había cosido los pedazos y si corría simplemente se desarmaba y todo lo avanzado se perdería. Tenía que tener fe y tenía que mejorar para ella y no porque quería que él volviera o porque lo quería en su vida. Esta diferencia ya se iba aclarando, poco a poco Laura veía y se afirmaba en lo que era mejor para ella.

Ella sabía que tenía que tener fe de que las cosas suceden por algo, y que lo avanzado, a pesar de las caídas, terminaría bien, que todo es un aprendizaje. Esperanza en tener muchas victorias y sorpresas, la vida era larga y el camino infinito. Caridad para preocuparse y ocuparse de ella misma. Y amor en primer lugar para ella, segundo para ella, tercero para ella y luego para los que la rodean, porque sólo cuando una persona está llena de amor puede dárselo a los otros y puede compartir.

Laura había avanzado mucho en tan corto tiempo y con tan pocos pasos, que a ella misma le sorprendía, pero también sabía que tenía que ser astuta. Si bien había cosido los pedazos, los puntos estaban flojos y podían romperse. No podía “creer” que estaba bien, tenía que sentirse y estar bien.

Su meta era no detenerse, no caerse, pero tampoco correr. Alcanzar el equilibrio emocional y mental. Estaba ya encaminada pero le faltaba mucho aún. Eran días de lucha y de victoria.

Laura continúa cosiendo los pedazos y remendándolos, asegurando las costuras y escondiendo los hilos, porque el acabado debe ser perfecto y resistente.

Para Laura vendrán muchos días de lucha, pero también de victoria.

Todo cambia

Cambia lo superficial,
Cambia también lo profundo,
Cambia el lado de pensar,
Cambia todo en este mundo,
Cambia el clima con los años…
Casi todo, todo cambia,
Que yo cambie no es extraño…

Cambia el rumbo el caminante, aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño…
Pero no cambia mi amor por más lejos que me encuentre….
… Que yo cambie no es extraño…
… Que yo cambie no es extraño…
… Que yo cambie no es extraño…
… Que yo cambie no es extraño…
… Que yo cambie no es extraño…
… Que yo cambie no es extraño…
… Que yo cambie no es extraño…
… Que yo cambie no es extraño…
… Que yo cambie no es extraño…

Esta canción llegó a Laura. De alguna manera siempre está atenta a las cosas o situaciones que pueden decirle algo. En este caso una canción, a veces es una película, un comentario en el bus, alguna frase suelta de sus amigas. Alucina que son como señales que le ayudan en este trance, en este proceso, en los cambios que ahora sabe son constantes. Ahora está atenta, despierta, y podría decirse más receptiva.

El cambio es constante, todo cambia, las mañanas no son las mismas, ni el cielo es azul siempre, a veces dependiendo del día tiene matices producidos por las nubes.

Todo cambia, todos cambian, todas cambian, algunas dependiendo de los golpes más rápido, a otras les toma más. El tiempo ayuda a clarificar esos cambios y a procesarlos.

El tiempo… el tiempo… el tiempo… el tiempo

El tiempo siempre es bueno y sabio. El tiempo tiene sus secretos. El tiempo es cómplice y aliado.

Todo cambia, Laura cambió, seguirá cambiando, transformándose, aprendiendo. Laura no es la misma, no son los mismos sueños, no son las mismas metas, esta vez son mejores y más difíciles y por ello más satisfactorias.

El tiempo es su cómplice y aliado. El tiempo... el tiempo...

Domingos

Han pasado varias semanas desde que Laura lo vio por última vez. Está más confiada, segura y optimista. Ha logrado encontrar el camino, aún con ayuda y a pasos lentos pero firmes.

Es domingo, y son los días más difíciles para ella. Por año y medio el domingo los pasaba con él y lo que la perturba es no recordar que hacían los fines de semana y que hacía antes de conocerlo. Para poder reconstruir sus domingos hacía falta un orden y alejarse.

Es un día de nostalgia y si bien su agenda tiene actividades pensadas para la tarde noche, hay preguntas que se asoman esos días ¿Cómo estará? ¿Qué estará haciendo? ¿La seguirá queriendo? ¿La habrá olvidado? ¿Estará bien? Laura no recuerda el último fin de semana lindo que pasaron juntos y no sabe porqué quiere recordarlo.

Es domingo, y son los días más difíciles para ella. Laura no puede evitar pensar en él, es como si aquellos sentimientos se hubieran agrupado y tratarán de abrir una y otra vez aquella caja en donde los encerró. Retumban en su ser, quieren escaparse, quieren gritar y decir te amo.

Pero Laura tiene que ser fuerte, no puede soltarlos, no tendrían hacia donde, se estrellarían contra una pared y una pared no puede amar.

Es domingo, y son los días más difíciles para ella. Si bien hace unos días atrás se encontraba haciendo fila para un concierto de jazz, con la gente esperando, los venderos y las vicisitudes que implica, en ese momento se sintió feliz y recordó como era antes, aquellas salidas solas, aquellas colas, la gente nueva y desconocida, y la sensación de salir renovada de cada evento.

Pero hubo un pequeño instante en el que volteo para contárselo a él, para compartir su alegría, pero él ya no está, hace mucho que no está. Así que compró un chocolate y continuó su camino. Caminar le hacía bien, caminar con ella misma la regresaba al camino.

¿Qué pasa cuando pierdes el rumbo, cuándo te desvías hacia la oscuridad? Laura perdió el rumbo muchas veces en los últimos meses, luego se dio cuenta de las cosas realmente importantes y de aquella persona que estaba a su lado en las buenas y malas pero que perdió de vista. Aquella frase trillada de nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde aparece en su mente y cual sentencia también anuncia sus aprendizajes.

La vida sería simplemente aburrida si no se perdiera el rumbo, además, esos pasos perdidos nos enseñan y luego traeran consigo alegrías y sorpresas inimaginables... pequeños momentos de satisfacción para los que debemos estar atentos y continuar sin arrepentimientos...

A Laura solo le queda continuar, seguir el camino, cargar con sus errores, sus aprendizajes y con aquella caja en donde están encerrados sus sentimientos reafirmados hacia él, pero que ahora no tienen a donde llegar, se convertirían en gritos sordos... a Laura le queda continuar...

Es domingo, y son los días más difíciles para ella.